Apizaco y su Casa de Piedra 

*El Museo Casa de Piedra, construido en roca volcánica, conserva en 12 salas la memoria ferroviaria y cultural que dio identidad al municipio rielero de Tlaxcala.

Naye Vélez

Apizaco, Tlax.- Dicen que para conocer la historia de una ciudad es necesario comprender sobre qué fue fundada, quiénes la habitaron, cuáles eran sus creencias, costumbres y símbolos de identidad.

Eso ocurre en Apizaco, una localidad que pasó de ser punto de paso obligado de los ferrocarriles rumbo a Veracruz y Puebla, a consolidarse como ciudad moderna, sin perder su arraigo ferroviario. Ese testimonio vive hoy en el Museo Casa de Piedra.

El recinto, construido con robustos bloques de piedra volcánica, guarda un valioso acervo fotográfico y documental sobre los orígenes de la ciudad. En sus primeros años fue la estación ferroviaria de Apizaco y, con el tiempo, funcionó también como cuartel para los trabajadores del tren, quienes encontraban ahí un espacio de descanso tras largas jornadas.

Desde 1916, cuando los expertos de las vías levantaron la estación, hasta 1996, cuando se canceló el último viaje de pasajeros en Tlaxcala, este espacio fue parte del complejo ferroviario destinado al transporte de carga.

No fue sino hasta 2001 que las autoridades decidieron convertirlo en museo, con el propósito de exhibir el material fotográfico, documental y los objetos que marcaron la época dorada del tren.

Hoy, la histórica Casa de Piedra alberga 12 salas de exposición. Entre sus colecciones se encuentran herramientas, ropa de trabajo, piezas de locomotoras y objetos cotidianos de los ferrocarrileros. En el vestíbulo destaca una maqueta de la célebre “maquinita”, la locomotora de vapor que todavía se erige en la glorieta principal de la ciudad.

Las paredes resguardan también un conjunto de 32 fotografías que narran la planeación urbana de Apizaco y la construcción de edificios emblemáticos, como la basílica de la Virgen de la Misericordia, cuya fiesta se celebra cada 12 de mayo. Otro espacio conserva imágenes históricas del ferrocarril en distintas etapas de su desarrollo.

El museo dedica además una sala a la fiesta brava, profundamente enraizada en la identidad apizaquense. Ahí se rinde homenaje a figuras del toreo local, como Rodolfo Rodríguez “El Pana”, conocido como el “brujo de Apizaco”.

Entre los tesoros gráficos destacan las postales en sepia que retratan la relación entre la ciudad y el tren. Una de las más llamativas muestra a una sonriente María Félix junto a trabajadores ferroviarios, posando frente a una locomotora durante la filmación de La Escondida en la hacienda de Soltepec.

Otro de los pasajes notables documentados en su acervo es la inauguración del tramo ferroviario entre Ciudad de México y Apizaco por parte de ministros del gabinete de Maximiliano. Esta fue la primera línea nacional en cruzar cuatro entidades, aunque el hecho suele pasar desapercibido por la carga histórica del emperador, quien nunca realizó el viaje.

Más allá de su valor patrimonial, el Museo Casa de Piedra es guardián de la memoria ferroviaria de Apizaco. El tren fue mucho más que un medio de transporte; fue escenario de encuentros, vehículo de noticias y símbolo de modernidad.

En sus vagones se gestaron ideas revolucionarias, se compusieron canciones como La Adelita y se compartieron historias que aún hoy dan identidad a esta tierra de rieles.

 

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